Parece claro que a estas alturas pocos son los que no creen que Ghosteen, el disco que Nick Cave y los Bad Seeds lanzaron en Octubre va a ser uno de los grandes discos del año, si no, el más importante.

Ghosteen es el decimoséptimo álbum de estudio de la banda de Nick Cave y Warren Ellis, y es la tercera entrega de una trilogía de álbumes a la que precedían Push the Sky Away (2013)

y Skeleton Tree (2016) 

La página web de Cave decía “Puedes preguntarme cualquier cosa”. Y así lo hizo, respondió a todas preguntas que los fans y seguidores del artista quisieron hacerle, desde lo más trivial a lo más trascendental, y  contestó de forma inteligente, elocuentemente y extensa. Sabemos que Nick Cave sufrió una importante perdida, la de su hijo adolescente cuando cayó desde un acantilado cerca de Brighton en Julio del 2015.  Este fatal accidente ha marcado su trabajo desde entonces, lo que le ha llevado según sus palabras,  a “ver a las personas de una manera diferente”, teniendo  “un sentimiento profundo hacia otras personas y una comprensión absoluta de su sufrimiento”.

En este Ghosteen hay un giro en la composición y sobre todo en la producción , no hay prácticamente percusión, la electrónica se ve eclipsada por sintetizadores analógicos que generan misteriosos paisajes sonoros. Un  conjunto de canciones directas y de una belleza enorme en las que Nick Cave y The Bad Seeds muestran emociones más  tranquilas, con más empatía y más lírica que nunca.

Cuando se lanzó su anterior álbum, Skeleton Tree,  el público lo recibió como un intenso estudio sobre el dolor,  se percibía lo sombrío e inquietante que sonaba. Ghosteen es el álbum que se suponía era su predecesor, y aún con la presencia de la pena, no estamos frente a álbum marcado por la tragedia. El resultado del trabajo de este álbum, y es por lo que resulta tan diferente,  es que se ha conseguido plasmar la belleza de sus sonidos y sus canciones a pesar de la presencia del dolor y la perdida.